19 enero 2026
6 minutos
En Sudamérica, los ríos no solo dibujan el mapa, también marcan el ritmo de la vida, de la pesca y de paisajes que se disfrutan mejor a la orilla, en lancha o con los pies en el agua. Siga leyendo y descubra destinos fluviales donde la naturaleza se siente cerca, el plan es simple y cada jornada trae una historia nueva.
19 enero 2026
6 minutos
Basta acercarse a una ribera para entenderlo: el turismo de río es viajar al compás del agua, con paseos en lancha que muestran islas y curvas escondidas, caminatas por la orilla, baños en zonas tranquilas y, para quien se anima, una salida de pesca con guía local. La gracia está en lo simple y en lo real, amaneceres con neblina, mercados donde el pescado llega temprano, recetas que cambian según el caudal y atardeceres que parecen una postal.
En los últimos años, este tipo de viaje crece porque ofrece lo que mucha gente anda buscando, naturaleza cercana, menos aglomeraciones y experiencias con sabor local sin una logística complicada. También ayuda que haya mejores conexiones, más operadores comunitarios y más conciencia sobre prácticas responsables, como respetar vedas, tamaños mínimos y temporadas, así el plan se disfruta hoy y se cuida para mañana.
En los ríos amazónicos, el viaje empieza antes de subir al barco: aire tibio, selva cerrada y comunidades que viven al ritmo del agua. En las próximas paradas, descubrirá dos ciudades donde el Amazonas se siente distinto, con rutas fáciles de armar, sabores locales y paisajes que se quedan en la memoria.
Manaus es la gran puerta de la Amazonía brasileña: una ciudad vibrante que mezcla historia del caucho, mercados llenos de frutas intensas y el brillo inesperado del Teatro Amazonas, como si alguien hubiera decidido poner una joya en medio de la selva. Desde el puerto, con sus muelles flotantes, salen lanchas y barcos que convierten el río en carretera, y en pocos minutos la ciudad se queda atrás.
El río Negro, oscuro y tranquilo, marca el primer contacto con esa inmensidad que impresiona sin esfuerzo, y cuando el nivel baja aparecen franjas de arena donde el plan es simple, agua tibia y sombra. Entre igarapés, comunidades ribereñas y el famoso encuentro de aguas, la salida se siente auténtica, con el tipo de paisaje que solo se entiende cuando lo ve de cerca y lo vive a su ritmo.
En Belém, el río se vive en la calle: el aire trae olor a lluvia, a fruta madura y a cocina caliente, y el pulso lo marca el Ver o Peso con sus puestos de pescado recién llegado, hierbas amazónicas y sabores que no se olvidan. Aquí, un vaso de açaí bien espeso y un tacacá humeante se sienten como parte del paseo, igual que mirar el movimiento de lanchas en la bahía del Guajará al final de la tarde.
A pocos minutos del centro, las islas cercanas cambian el escenario sin complicar el plan, agua alrededor, palmeras, pasarelas de madera y comunidades que reciben con calma y orgullo. Belém tiene esa magia de puerto vivo: usted se sube a un barco, cruza un canal y de pronto está en otra Amazonía, más silenciosa, más verde, perfecta para pasar el día con el río como guía.
En el Cono Sur, los ríos son rutas largas que atraviesan llanuras, humedales y ciudades que miran el agua como si fuera su plaza principal. En este tramo, el mapa se vuelve más tranquilo y también más sorprendente, con atardeceres de película y paradas fáciles de sumar al itinerario.
Asunción se entiende mirando el Paraguay: la Costanera se llena de gente cuando baja el sol, aparecen termos de tereré, bicicletas, música suave y ese clima de paseo simple que no necesita grandes planes. Desde allí, la vista hacia la bahía abre el paisaje, con lanchas cruzando despacio y el brillo del agua cambiando de color a cada minuto.
Para vivirlo como local, lo mejor es llegar sin apuro, probar una chipa recién hecha o algo de comida callejera y quedarse a ver cómo la ciudad se enciende mientras el río se calma. En algunos tramos todavía se siente la tradición ribereña, pescadores preparando su jornada, conversación en las barandas, niños corriendo, una postal cotidiana que convierte el atardecer en el mejor espectáculo gratuito.
Si el río ya le picó la curiosidad, hay paradas que encajan perfecto en el mapa: Rosario y Paraná miran al Paraná con costaneras amplias, playas de arena cuando el nivel acompaña e islas que aparecen como plan de escape en lancha. Más al norte, Corrientes suma chamamé, pesca con paciencia y atardeceres que pintan el agua de cobre, de esos que se quedan en la memoria sin pedir esfuerzo.
Para cambiar de ritmo sin complicar la logística, también vale mirar hacia el Delta del Tigre, donde los canales se recorren en lancha o kayak y la vida fluvial se siente cerca, entre muelles de madera y sombra fresca. Y en el Río de la Plata, ciudades como Colonia del Sacramento y Carmelo invitan a bajar un cambio, caminar frente al agua y cerrar el día con comida simple, mate y esa calma que solo el río sabe dar.
Un buen día de río se disfruta más cuando usted viaja con respeto y con cabeza fría, porque el agua cambia de humor y la vida ribereña tiene sus propios tiempos. Con algunos cuidados simples, el plan queda más seguro, más auténtico y también más amable con la naturaleza y con las comunidades.
Respete a las comunidades ribereñas: pida permiso antes de fotografiar personas, compre artesanías o comida directamente a productores locales y siga las indicaciones del guía, especialmente en zonas de visita comunitaria.
No alimente ni toque a la fauna: parece inofensivo, pero cambia el comportamiento de animales y puede generar accidentes; mantenga distancia, use zoom y disfrute el avistamiento con calma.
Elija operadores responsables: prefiera paseos con guías locales acreditados, grupos pequeños y prácticas claras de manejo de residuos, además de rutas que eviten áreas sensibles en temporada de reproducción.
Seguridad en embarcaciones, siempre: chaleco puesto desde el inicio, nada de ponerse de pie en movimiento y evite subir con tormenta a la vista; si el capitán decide esperar, ese es el plan correcto.
Empaque inteligente: protector solar, repelente, gorra, gafas, capa ligera de lluvia y una bolsa estanca para celular y documentos, además de sandalias que no resbalen y una muda extra.
Tome agua y cuide el ritmo: el calor húmedo engaña, así que lleve botella reutilizable y algo salado para recuperar energía, sobre todo en salidas largas.
Respete vedas y tallas en la pesca: pregunte qué especies se pueden pescar, qué tamaño mínimo se permite y si aplica el “captura y suelta”, así usted cuida el río y también garantiza futuras jornadas.
Ajuste el viaje a la época del año: en muchos destinos, la estación seca facilita caminatas y paseos en barco, mientras la temporada de lluvias deja paisajes más verdes y caudales más altos; verifique el clima y el nivel del río antes de cerrar el plan.
Deje cero rastro: lo que entra con usted sale con usted, incluyendo colillas, envases y restos de comida; use contenedores y, si puede, lleve una bolsa para juntar basura en el camino.
Piense en salud y comodidad: si es sensible al movimiento, tome algo para el mareo antes de embarcar y lleve un pequeño botiquín, curitas, alcohol en gel y analgésico básico.
Con estas prácticas, el turismo de río se vuelve una experiencia más tranquila, más segura y con un impacto positivo, justo como se siente cuando el paisaje manda y usted solo se deja llevar.
Dormir bien y salir al río sin complicarse es parte del plan, sobre todo cuando el itinerario mezcla barco temprano, calor húmedo y caminatas por la ribera. Con los hoteles de las marcas ibis, usted equilibra aventura y confort con una base práctica para recargar energía, organizar el día y volver a lo esencial con el presupuesto bajo control.
Manaus, Brasil, cuatro bases para moverse a su ritmo
ibis Styles Manaus: en pleno centro, a pocos pasos del casco histórico y del Teatro Amazonas, ideal para combinar ciudad, puerto y paseos fluviales sin perder tiempo en traslados.
ibis budget Manaus: ubicado en una de las grandes avenidas de la ciudad, cerca de la Arena da Amazônia y con acceso fácil a zonas clave, una opción ligera para quien quiere gastar menos y salir rápido.
ibis Manaus Aeroporto: perfecto para aterrizar, descansar y retomar el plan, con habitaciones con aire acondicionado, WiFi gratis y bar abierto 24 horas para resolver el día a cualquier hora.
ibis Manaus Distrito Industrial: práctico para quien se mueve por la zona industrial, con WiFi gratuito y una logística cómoda para descansar antes o después de un día de río.
Belém, Brasil, puerta ribeirinha con sabor local
ibis Styles Belém do Pará: en el área céntrica, con diseño creativo y enfoque en sostenibilidad, una base cómoda para alternar paseos por zonas históricas con el movimiento del puerto y del Ver o Peso.
Asunción, Paraguay, atardeceres de río y ciudad fácil
ibis Asuncion: en un barrio con muchas tiendas y centros comerciales, con WiFi gratis, aire acondicionado y bar abierto 24 horas, ideal para cerrar el día y prepararse para el paseo ribereño sin complicaciones.
Al final, el mejor turismo de río es el que se disfruta con calma: usted vive el paisaje durante el día y, a la noche, vuelve a una base práctica para descansar bien y seguir el viaje con ganas.
El turismo de río en Sudamérica tiene eso que engancha rápido: días que empiezan con bruma sobre el agua, paseos en barco que abren paisajes nuevos y atardeceres que hacen que el celular se quede sin memoria. Para vivirlo con ligereza, los hoteles de las marcas ibis son un gran aliado en América Latina, porque le dan una base práctica para descansar bien, salir temprano, moverse fácil por la ciudad y volver con la sensación de que el viaje rindió, en energía y en presupuesto.
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